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Sanar al niño interior: cómo dejar de sufrir

Actualizado: ene 28

Para mejor entender cómo emprender el proceso de sanación, empecemos por revisar estos conceptos:


· Ser un niño pobre: Es un hecho que soy pobre porque se me da poco. Siento que soy de segunda o tercera categoría. Mis padres me dan poca dignidad de ser, sólo lo justo para ir tirando, a veces me miran y me dan algún destello de amor. Estos destellos me ilusionan, hacen que mi esperanza crezca, pero pronto vuelve a caer la desesperanza porque únicamente son destellos. Soy leal a la fuente, aunque no salga ni una gota, espero el agua. · Ser un niño rico: Mis padres confían en mí, y me dan lo mejor de sí mismos con sus facilidades y dificultades. Me cobijan desde su contacto físico, son mi casa y me acompañan en mi salida al mundo. Recibo amor porque soy digno de respeto y ser amado. Soy vida. Me siento valorado y siento mi valor. Se me nutre por lo que soy, no por lo que debería ser.

Desde este escenario, ahora podemos ver más claramente la situación:Existe un niño interior rico o pobre dentro de mí. La cuestión es qué hacer con él. Es necesario asumir de forma plena mi responsabilidad y acogerlo. Al final es mi adulto el que debe tomar y acoger al niño interior, más allá de los padres originales. Sanar mi niño interior me permite liberarme de mi carga neurótica. En un sentido metafórico, soy hijo del pasado y padre del futuro. El objetivo terapéutico es que yo me apropie de mi niño interior, confronte con los padres originales y finalmente tome mi vida en mis manos. Para todo ello es necesario que me conecte con mi niño interior, lo que implica conectar con el dolor original, para poco a poco sanarlo y para que el pasado deje de interferir y pueda vivir de una forma plena. Muchas personas a veces se resisten a conectar con su niño herido, pero es necesario pasar por el sufrimiento para poder soltarlo y aliviarlo.

Vivencias para sanar al niño interior


Para entrar en la herida del niño interior y sanarlo, se transita por 7 vivencias o estados:


Confiar: Para que mi niño interior herido pueda salir de su aislamiento necesita confiar en que yo estaré allí para él. Esto pasa por no penalizarlo, juzgarlo, o despreciarlo, de hecho ya sufrió bastante. Necesita de un aliado que le de apoyo para superar el maltrato sufrido. Esta actitud es la entrada al trabajo.


Aceptar. Esta aceptación significa no minimizar mi dolor y no justificar a los padres o racionalizar de qué manera fui avergonzado. El hecho es que mi niño fue herido y punto. Es necesario no poner pomada, maquillaje o anestesia al dolor. Aceptar implica exponerme a lo que hay.


Shock. Al conectar con la herida de mi niño interior es normal que quede un poco noqueado. Si soy honesto conmigo mismo reconoceré que hay mucho dolor, quizás mucho más del que me esperaba o imaginaba. Si al conectarme al dolor original, es terrible para mi, es buena señal, porque el shock es el comienzo del duelo. Es natural que me conmueva intensamente al ver las dimensiones de la tragedia.


La ira. Es una respuesta al dolor recibido por los supuestos padres que debían ser benefactores, pero que no fueron así en muchos momentos. Está bien estar enojado más allá de las buenas intenciones paternas. Es necesario estar enojado si quiero tomar y defender a mi Niño Interior Herido. El enfado sano defiende. Es saludable sentirme enojado cuando siento maltrato. Lo es, más allá de intenciones o dificultades paternas.

"Sé que mis padres hicieron lo mejor que como adultos con sus Niños Heridos, podían hacer. También sé que soy plenamente consciente de que esto me hirió profundamente y que ha tenido consecuencias perjudiciales para mí en mi vida, de las cuales algunas perduran y otras son montañas que tuve que escalar con mucho esfuerzo. Desde esta ira tomo mi fuerza para acabar con la dinámica antigua y no tolerar el abuso que dominaba mi sistema familiar. Ahora tengo la responsabilidad de sanar y defender la cura de mi herida".


Tristeza. Después de la ira viene la tristeza. Entro en el lamento, en la pena por lo que fue y por lo que no fue, por lo que pudo haber sido y no fue posible. Fui víctima. Aquí, entro en la tristeza por la propia infancia y por mí mismo. En esta tristeza reconozco mi sufrimiento, y empiezo a destilarlo. El hielo empieza a deshacerse a base de lágrimas secas o húmedas, internas o externas. Fui víctima y fui traicionado. Lamento mis necesidades de desarrollo insatisfechas.


Remordimiento. Cuando me aflijo por algo, a veces me pregunto qué pude haber hecho distinto. Esto sucede también cuando alguien se muere, el remordimiento, aparece con más o menos intensidad, por ejemplo, tal vez me hubiera gustado haber pasado más tiempo con la persona fallecida o haberle manifestado quién sabe qué. En este caso es necesario ayudar a mi Niño Interior herido a ver que no había nada que yo pudiera haber hecho diferente para modificar el resultado, mi dolor proviene de lo que me hicieron, no es mío, hace años “era demasiado pequeño para tener culpa”. Me debo rendir, entonces yo era inocente, la responsabilidad siempre es del adulto.

Soledad. En la herida, me siento plenamente solo. Yo fui el herido, sin acompañamiento ni consuelo posible. Ésta es una soledad profunda como la de mi herida.


Reflexiones finales para sanar al niño interior

Puede ser incluso, que exista una vergüenza íntima por el abandono o el maltrato de mis padres, me avergüenzo de mis heridas y me aíslo con ellas. Me siento con poca dignidad de ser. Ésta es la soledad de mi niño interior, la que debe ser abrazada por mi adulto para acabar definitivamente con ella. Necesito estar en ella antes de abrazarla y de poder sanar la herida. Mientras, me sostengo en ella... ya falta poco para alcanzar el alivio.


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Abrazo a mi niño interior
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